Tu mamá tenia razón
Si en tu adolescencia te negaste a oír a tu madre, es hora de que abras los oídos.

Cada vez que tu mamá te ve triste, con el corazón roto o haciendo algún tipo de actividad que (aunque te resulte divertida) es poco saludable, se hunde en las profundidades de la preocupación. Pero no se limita a eso: también te vuelve loca con sus consejos.
En esos momentos, te parece que ella no tiene otra cosa más que hacer en la vida que darte todo tipo de recomendaciones. Sin embargo, a pesar de lo densa que pueda volverse, es innegable que hay sugerencias absolutamente necesarias.
Las madres aconsejan sobre hombres, carrera, salud, dinero, sociedad, cocina, sueño y hasta respiración. La lista de temas que parecen dominar es infinita. Pero hay cosas que, ya sea por experiencia propia o ajena, las mamás conocen muy bien. Y entre ellas están estas siete máximas.
"Una madre no tiene que comportarse como una amiga". "Pasé toda la adolescencia envidiando a mi mejor amiga porque tenía una mamá supercool, que la respaldaba en todas sus locuras y hasta la encubría ante el padre cuando llegaba muy tarde de bailar. En comparación, la mía me resultaba un bochorno porque era demasiado... madre. Sentía que ella era muy estricta, y todo el tiempo me sentía controlada. Tuve que crecer para entender que tenía razón al imponerme ciertos límites. Si me hubiera dejado hacer todo lo que yo quería, nunca habría terminado la preparatoria y me habría casado a los 18 años con el que fue mi primer novio", cuenta Alejandra, una empleada administrativa de 28 años.
Si una madre toma distancia y no consiente todos los caprichos de una hija, eso se debe, en primer lugar, a que necesita guiarla mientras crece y darle herramientas suficientes para que pueda desenvolverse sola (y bien) durante su vida adulta.
En definitiva: tu mamá te crió para que seas una mujer capaz de asumir las responsabilidades de una carrera, una pareja y una familia. Entonces, ¿qué tal si le demuestras que de veras aprendiste las lecciones que te ofreció?
"Usa protector solar aunque solo estés un rato al aire libre". Seguramente, esto no sólo te lo dijo tu madre: también te lo han dicho tu dermatólogo, tus amigas, tu profesor de tenis... y, por supuesto,Cosmo.
"Cuando era chica, me quejaba porque las mamás de mis amigas no las obligaban a usar protector solar, como hacía la mía. Ella era muy insistente con esto. Cuando actualmente me reúno con las chicas y veo que ellas ya tienen arrugas y manchas solares, no dejo de agradecer mentalmente la 'obsesión' de mi mamá con el protector", admite María Laura, una maestra de 30 años. Ahora que ya sabes lo que puede pasarte y hasta has leído en Cosmo historias de casos fatales, no dejes de ponerte tu FPS ni siquiera en los meses de invierno.
"No te fijes únicamente en el físico de un chico". "Desde que era adolescente, tengo debilidad por esa clase de hombres que parecen sacados de un catálogo de modelos. Pero la verdad es que son tan vanidosos y egocéntricos como atractivos. Además, casi nunca valoran a la mujer que tienen al lado, porque saben que si ella se va, enseguida van a aparecer tres más con ganas de reemplazarla. Hasta ahora, todas las veces he terminado con el corazón roto. Mi mamá siempre me decía que no me dejara seducir por el físico, que tenía que prestarle más atención al corazón. Y es ahora cuando me doy cuenta de que tenía mucha razón", admite Soledad, una veterinaria de 29 años.
¿Por qué Soledad no hizo caso a tiempo? Las hijas suelen ignorar (o pretenden hacerlo) el hecho de que sus madres son mujeres con experiencia. "No son inexpertas que no han sido sacudidas por la vida: están marcadas por sus propias experiencias. Ellas ya pasaron por distintos trabajos, conocieron diferentes hombres, vivieron y se sobrepusieron a infinidad de obstáculos y desengaños. Por tanto, a partir de ese pasado, tienen algo que decir", sostiene Grossman. "Por más irritante que pueda resultar un consejo materno (sobre todo, cuando las mujeres aconsejadas ya trabajan, tienen novio, viven solas), hay que darles la palabra a las madres. Por algo, ancestralmente, los ancianos de las tribus siempre fueron respetados y escuchados". La próxima vez que tengas una cita romántica, no te olvides de los consejos de tu mamá. Por lo menos no te ovides de este.
"No puedes vivir sólo de amor y aire". Sí, esto lo escuchamos todas. Pero ¿qué mujer en plena fase de enamoramiento es capaz de entender el mensaje de esta máxima? "Me enamoré de un aspirante a escritor con el que tenía planes de casarme. Mi mamá me dijo una y mil veces que esperara un tiempo, hasta que él empezara a ganar algún dinero, para hacer grandes proyectos juntos. Pero, claro, no le hice caso", recuerda Gloria, una organizadora de eventos de 33 años.
Ella tenía un empleo en una empresa de relaciones públicas y dijo que cubriría los gastos de los dos hasta que él escribiera su novela. Estaba realmente fascinada con el chico. Cuando pasaron unos meses (en los que su novio no avanzaba en el prometido bestseller ni intentaba salir a buscar trabajo), Gloria se dio cuenta de que no alcanzaba con estar enamorados: había que sobrevivir y pagar un alquiler. "Me sentía muy frustrada, y recuerdo que un día le grité: 'No podemos vivir sólo de amor y aire'. Lo dije y fue como escuchar a mi mamá", recuerda.
Por supuesto: nadie te dice que tienes que enamorarte de determinado hombre sólo porque sea ejecutivo de una gran empresa y tenga un sueldo contundente. Pero créenos: no puedes pagar la luz ni la comida con amor.
3 COSAS EN LAS QUE SE EQUIVOCÓ
Sí, algunas veces las madres pueden decir cosas absurdas. Para demostrarlo, bastan estos ejemplos:
1) "Mi mamá me decía que no me pusiera bizca ni hiciera muecas, porque si me daba un golpe de viento la cara me iba a quedar así para siempre". Brenda, 21 años
2) "Cuando era niña, mi madre decía que estaba muy flaca y tenía que engordar, así que me obligaba a comerme unos platos enormes y hasta me daba vitaminas para que me abrieran el apetito. Ahora tengo que estar luchando con mi peso y con mi hambre insaciable" Sandra, 34 años
3) "No importa si estaba sangrando, tosiendo o llorando de dolor: mi mamá siempre me aconsejaba que tomara un vaso de leche tibia para mejorarme".
